Opinion “Ni
tan mal” Rubén Vilela
La sobredimensión de la gravedad de la crisis española
está en su máximo nivel. La preocupación mediática y social está en estos
momentos muy por encima de la realidad que nos marcan la economía y los
mercados. Curiosamente pasó lo contrario en el período 2007/2009. La situación
económica entonces era muy preocupante y sin embargo la sensibilidad social al
respecto mucho menor. Ni tan alegres nos las debíamos prometer entonces, ni tan
angustiosa es la situación ahora. Eso sí, comprendo perfectamente que esta
realidad se viva de otra manera en la calle, pues de aquellos polvos tenemos
estos lodos, y las consecuencias de aquel tiempo duro que nos predecían los
números del cambio en el 2007 es seis años después cuando más palpable se han
hecho entre los ciudadanos. Pero yo
quiero señalar que ahora vuelve a ser tiempo de oportunidades. Existen oportunidades
pero el miedo nos ciega. Siempre me acuerdo de aquella frase que dice “en el
momento más oscuro de la noche es donde ya más pronto está el amanecer”. Por lo
tanto; a resistir y pronto veremos la luz que sin duda nos devolverá la ilusión
y nos hará de nuevo disfrutar. Los activos a lo largo de la historia siempre
son menospreciados, y sin embargo facilitan en un futuro una proyección de
beneficio enorme. Ahora estamos en ese tiempo. Aprovechémoslo. Y al respecto me
apetece de decir sobre nuestros amigos políticos que si no ayudan en esa
empresa, por lo menos no molesten. Os confieso que la política española cada
día me entusiasma menos. Los líderes políticos se pelean con gran populismo
ante los grupos opuestos y sus votantes. Asistimos al triste espectáculo mientras
el único partido que merece la pena, el del PUEBLO, soporta estoico las consecuencias de las cansinas luchas entre las diferentes
siglas. Y en el desgaste de fuerzas y tiempo entre quienes deberían mostrarnos
el camino, perdemos las esperanza y la confianza en ese buen pastor que
escogimos en las urnas pero que se cuida más de vigilar el linde de su vecino
que de cuidar de su propio rebaño.
En algunos momentos pienso que, aunque queda menos,
aún nos queda lo peor. Eso sí, estoy convencido de que después ya habremos
dejado el campo de libre de barreras y solo lleno de oportunidades.