Opinión, La vida es especular, Rubén Vilela

La nuestra es una de
esas actividades que no deja indiferente a nadie. O te atrapa y te seduce al
extremo o te genera desconfianza y recelo (muchas veces basado en la propia
ignorancia de la naturaleza de esta actividad) En cualquier caso pocas palabras
provocan tanta controversia como la de “especulación”. Incluso en el propio
diccionario el término se debate entre 
acepciones que van desde  la
“meditación profunda con hondura” hasta la de “traficar”. Ya lo ven, condenados
al debate. Así que, si me lo permiten, déjenme que hoy les cuente como yo lo
veo: la especulación es mi vida y la vida es especulación. Especular en el
mercado no me parece muy diferente a especular en la vida. En uno y otro campo
analizamos la situación, estudiamos las probabilidades de éxito y de riesgo,
damos el salto y asumimos decisiones. Especulando, y operando en consecuencia,
tenemos la oportunidad de modificar nuestro entorno, de acercarnos a nuestras
metas, de ponernos en el camino de la consecución de sueños  y,  a
veces -incluso- de alcanzarlos. Dejarse llevar es lo fácil especular es lo que
cuesta, lo que acarrea esfuerzo, lo que nos enfrenta a nuestros propios
aciertos y errores, lo que nos pone delante de nosotros mismos. Precisamente
esa es otra acepción –quizás la menos conocida- de la palabra especular: “dicho
de una cosa: reflejada en el espejo”. Así nos vemos cuando especulamos,
retratados ante el espejo de nuestras propias decisiones; buenas o malas. Yo
entiendo la vida siendo valiente (que no temerario) y los traders lo son, lo somos.  
Cuando especulamos adquirimos conocimientos, acumulamos experiencia,
aprendemos para seguir avanzando y, en definitiva, cultivamos poco a poco la
(buena) suerte de nuestra vida. Sólo el que se proyecta a sí mismo en un futuro
mejor inicia el camino para conseguirlo. ¡Seguid soñando y disfrutando a la vez del maravilloso viaje especulativo¡

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