En mis comienzos no había mayor disgusto que una mala operación, cuando salía mal una estrategia era un dolor enorme, no por el dinero que se perdía, sino por errar, por equivocarme cuando el plan parecía lo más sólido del mundo, podía tirarme encerrado en casa meses sin salir, no paraba hasta encontrar una coherencia en el error, y sobre todo hasta subsanar ese atentado a mi inteligencia con otra operación que superase con creces a ese cisne negro, recuerda siempre esto querid@ :
El Dinero que se pierde nunca vuelve, tan sólo viene dinero nuevo en nuevas operaciones.
Esta es una de mis frases más importantes y siempre la comenté en mis conferencias.