Esta semana me apetece compartir con vosotros una reflexión
que va muy conectada al video que publicamos simultáneamente a este artículo y
que trata sobre el control de las emociones.
Casi siempre la gente que me encuentro, y que ha alcanzado un cierto
éxito empresarial, responde a un patrón similar en el que se repiten tres
factores fundamentales: mucho trabajo,
cierto espíritu emprendedor, y la capacidad de controlar sus emociones.
Esto no quiere decir que no sientan, padezcan, sufran, o se entusiasmen como
los demás. En absoluto, es más bien al contrario. Pero lo que si hacen esta
clase de personas es no dejar que estas energías –muy reales- avancen tanto en
el espacio cerebral que al final les impidan tomar decisiones objetivas,
claras, basadas en realidades tangibles y por lo tanto más propensas al acierto
que fracaso. No se trata de ser extremadamente cerebrales para sustituir las
emociones. Se trata de emocionarse y luego pasar las emociones por el tamiz de
las posibilidades. Tanto en el trading, como en la vida. Aun así, ante la toma
de decisiones seguiremos siempre expuestos (y sólo el que se expone y se arriesga)
es objeto de acierto o fracaso. Así son las reglas del juego para lo bueno y
para lo malo. Pero controlar las emociones, educar el instinto (que no
anularlo) y aprovechar la experiencia para manejar una situación de pico
emocional, es fundamental en el camino del éxito. Y no nos engañemos; fallar es
humano y todos lo hacemos… pero sólo aquel que acierta más que falla, al final
encuentra el dinero y la ilusión (la ilusión y el dinero) para seguir avanzando
y creciendo. Cae –y es cuestión- de cabeza.
